Abstract
He resuelto prescindir de dar a este discurso una organización que obedezca a alguna retórica de la dispositio, o a algún orden establecido desde fuera o desde arriba, con arreglo a ciertas normas, criterios o principios a priori, a los que nuestra comunicación debería, tal vez, ajustarse. En lugar de ello he considerado más simpático, es decir, más conveniente a aquello que se supone ocurre en una comunicación: la convergencia de emociones y miradas diversas y hasta contrapuestas, más simpático o simpatético, digo, asumir la actitud o postura natural (die natürliche Einstellung, en la expresión de Husserl de comienzos del siglo pasado) que nos permite seguir y dejarnos llevar por el movimiento que la corriente de las palabras y los pensamientos va de suyo recorriendo. A esa naturalidad solía exhibir su adhesión una cierta estética o política que en su tiempo formuló y practicó la vanguardia dadaísta y surrealista. Pondremos sobre la mesa, entonces, un breve repertorio de señas que mezclaremos como si fuesen piezas de un juego azaroso. Un cierto número de jugadas nos iluminará sobre sus relaciones y sobre cómo podamos dar cuenta de nuestras preguntas.